Imposición de manos



En su forma más pura, la imposición se realiza colocando las manos sobre la cabeza del paciente en completa quietud física y mental. El sanador debe estar en estado de meditación para que la canalización sea total y su cuerpo sólo sea un medio de amplificar la energía sanadora (qui) contenida en el Universo que, de ese modo, afecta con mayor intensidad al paciente. Puede realizarse, sin embargo, en cualquier zona del cuerpo o, incluso, en dos zonas diferentes con cada una de las manos. La distancia es variable, desde el apoyo suave sobre la superficie del cuerpo físico hasta 5, 10 o incluso 20 centímetros por encima.


Dependiendo de dicha distancia tiene efectos, de más cerca a más lejos: sobre los impulsos nerviosos del organismo; sobre el biocampo, energía vital o aliento de vida; o sobre la energía global o qui. Estos campos vibracionales traspasan o afectan a todos los órdenes del cuerpo físico.


La aplicación de esta técnica provoca una relajación y, por consiguiente, una reequilibración del campo vibracional general del paciente, dado que se produce un movimiento sutil que libera energías contenidas en determinadas zonas y una redistribución homogénea por el organismo. La consecuencia directa es la relajación del estado de ánimo, el reforzamiento del sistema inmunológico, la estabilización de los sistemas nervioso y circulatorio, la relajación muscular y la reactivación de los órganos internos. Pero la capacidad que tiene esta técnica por sí sola es ilimitada, dependiendo siempre de la capacidad del sanador o sanadora de estar en un estado de quietud tal, que permita que se produzcan esos movimientos energéticos por sí mismos.

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