Raspados o "vaciados" óseos

Se realizan ejecutando drenajes en zonas en las que podemos acceder directamente a los huesos, principalmente con los nudillos, pero también con la yema de los dedos, o combinando ambos; lo que dependerá de si estamos trabajando sobre huesos pequeños (falanges, costillas, tráquea, vértebras, coxis), huesos largos (tibia, peroné, fémur, esternón, escápulas, pelvis…) o cráneo.

Permiten la liberación de adherencias cutáneas, la separación de los tejidos conectivos y el drenaje venoso; así como la relajación y descontracturación de ligamentos, cartílagos y membranas sinoviales. 

Cuando el movimiento es suficientemente largo y profundo, la vibración sostenida puede afectar al líquido sinovial, el periostio (tejido conjuntivo entre hueso y ligamentos), a la médula o a los tejidos óseos. En este caso, los efectos llegarían a la estimulación de la producción de células sanguíneas y el fortalecimiento del sistema circulatorio e inmunitario. 

Aquí se pueden añadir presiones sostenidas con las yemas de los dedos entre las vértebras, siempre en sentido ascendente o descendente en línea con la columna, para ayudar a la distensión de los discos intervertebrales y a la estimulación de la médula espinal. 



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