Roces o Pases magnéticos

Se trata de maniobras suaves, bien ritmadas pero lentas, ejecutadas con la yema de los dedos o la palma de las manos y en las que se roza la piel del cliente levemente. Se distribuyen por todo el cuerpo para desestresar la piel o activarla. La técnica de movimiento es el arrastre o barrido, es decir, a lo largo de toda la superficie cutánea. Para que produzca un efecto sedativo su sentido debe ser centrífugo, de adentro a fuera, del inicio al final de las extremidades, o de la cabeza a los pies. Si lo que se pretende es un efecto energetizante se puede realizar en sentido contrario.


En general se emplean de modo preparatorio, es decir, para abrir la posibilidad de un contacto físico más profundo a través de otras maniobras de mayor intensidad. Pero también cuando el tejido ha sido intervenido y está enrojecido y acalorado. El efecto mecánico de los roces dispersa la congestión y apacigua el acaloramiento de los tejidos. En este caso se puede aplicar de forma intercalada entre técnicas más profundas, con lo que se evita el dolor y la tensión defensiva de respuesta, o al finalizar la sanación física. Sus efectos son: calmante sobre la piel y sus terminaciones nerviosas, de leve mejora en la circulación cutánea, de relajación mental y de liberación de cargas magnéticas.

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